Día Internacional contra el reclutamiento de menores: una deuda pendiente con la niñez colombiana

Cada 12 de febrero el mundo conmemora el Día Internacional contra el Reclutamiento de Niños, Niñas y Adolescentes para el Conflicto Armado, también conocido como el “Día de las Manos Rojas”.

La fecha busca visibilizar una de las más graves violaciones a los derechos humanos en contextos de guerra: el reclutamiento e instrumentalización de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados.

En Colombia, esta conmemoración tiene un significado profundo. Durante décadas de conflicto armado interno, miles de menores fueron arrancados de sus hogares, sus escuelas y sus comunidades para ser incorporados de manera forzada a estructuras armadas ilegales. Guerrillas, grupos paramilitares y organizaciones criminales han recurrido al reclutamiento infantil como estrategia de guerra, desconociendo de manera flagrante el Derecho Internacional Humanitario y la Convención sobre los Derechos del Niño.

Los testimonios recogidos por entidades oficiales y organizaciones defensoras de derechos humanos revelan una realidad desgarradora. Muchos de estos niños fueron obligados a portar armas, participar en combates, realizar labores de inteligencia o servir como mensajeros y campaneros. En numerosos casos fueron expuestos como “carne de cañón” en enfrentamientos armados, enviados a zonas de alto riesgo o utilizados para tareas que ponían en peligro inminente sus vidas.

La violencia no se limitó al campo de batalla. El reclutamiento vino acompañado de maltrato físico, castigos ejemplarizantes, amenazas constantes y sometimiento psicológico e incluso la muerte. Las niñas, en particular, han enfrentado formas adicionales de victimización, incluyendo abuso sexual, explotación y embarazos forzados. Estas prácticas dejan secuelas profundas que afectan el desarrollo emocional, social y educativo de quienes lograron salir con vida de esos escenarios.

El reclutamiento forzado constituye un crimen de guerra y una grave infracción al Derecho Internacional Humanitario. En Colombia, la legislación penal tipifica esta conducta y establece sanciones para quienes instrumentalicen a menores de edad en el conflicto. Además, el Estado ha implementado programas de atención y restablecimiento de derechos para niños y adolescentes desvinculados de grupos armados, orientados a su reintegración familiar, escolar y comunitaria; aunque la respuesta institucional resulta ser insuficiente ante la magnitud del problema.

La persistencia de economías ilegales, la presencia de estructuras armadas residuales y la disputa territorial en algunas regiones del país continúan generando riesgos para la niñez. En zonas rurales apartadas, donde la institucionalidad es débil y las oportunidades escasas, los menores siguen siendo vulnerables a presiones, amenazas o engaños por parte de actores armados.

El Día de las Manos Rojas no es solo una jornada simbólica. Es un llamado urgente a fortalecer la prevención, garantizar entornos protectores, ampliar la oferta educativa y social en territorios históricamente afectados por la violencia, y consolidar la implementación de los acuerdos de paz y las políticas de protección integral. También es una invitación a la sociedad civil a no normalizar el horror de la violencia y a reconocer que cada niño reclutado representa un proyecto de vida truncado.

Proteger a la niñez del flagelo del reclutamiento no es únicamente una obligación jurídica del Estado; es un imperativo ético colectivo. Mientras un solo niño sea obligado a empuñar un arma, la paz seguirá siendo incompleta. El compromiso debe ser claro: ninguna causa, ideología o interés criminal puede justificar que la infancia sea convertida en instrumento de guerra.

Loading

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *