Tras 13 fechas disputadas en la liga profesional del fútbol colombiano, el elenco del sur marcha en la última posición con apenas 10 unidades.
El bajo rendimiento de la escuadra, ahora dirigida por el profesor René Rosero tras la renuncia del técnico titular Camilo Ayala, es evidente. Como dice el adagio popular: “no se puede tapar el sol con un dedo”. Tan solo dos partidos ganados, cuatro empates y siete derrotas corroboran el difícil momento del conjunto tricolor.
El eterno problema de la definición no solo refleja el nivel individual de los delanteros, a quienes parece faltarles trabajo y fundamentación, sino que además esa ineficacia frente al arco rival le ha pasado factura al cuadro “volcánico”. Con apenas 12 goles a favor —menos de un tanto por partido en promedio— y 18 anotaciones recibidas, el balance es de -6 en la diferencia de gol.
En los últimos cinco partidos de liga, “los hijos del Galeras” no conocieron la victoria: un pálido empate y cuatro derrotas los hundieron en la casilla 20, sin ninguna posibilidad de clasificar.
A esta crisis deportiva se suma el reciente escándalo denunciado en rueda de prensa por el presidente del club, el médico Óscar Casabón, quien afirmó que presuntamente varios jugadores del plantel profesional estarían involucrados en apuestas y partidos amañados. Un asunto espinoso que deberán esclarecer las autoridades competentes.
Pero ahí no termina la pesadilla. En la noche de este miércoles, por la Copa, la escuadra nariñense fue eliminada estrepitosamente tras caer 4-0 frente a Once Caldas, un rival que tampoco atraviesa su mejor momento, pues ocupa la casilla 11 en la liga y recientemente quedó eliminado en la tanda de penales de un torneo internacional.
Los experimentos fallidos de la dirigencia al ubicar en el banquillo a Camilo Ayala y luego a René Rosero —quien ya había tenido una oportunidad sin buenos resultados— dejan mucho que desear. Si bien ambos fueron referentes de Deportivo Pasto en su etapa como jugadores, su presente como entrenadores no es el mejor, y eso hay que reconocerlo sin dejar de agradecerles por la entrega mostrada en su momento vistiendo la camiseta.
La tarea pendiente para los nariñenses es conformar una nómina competitiva para 2026: una mezcla de experiencia y juventud, con jugadores de renombre y buen nivel en cada línea, complementada con jóvenes que tengan hambre de triunfo. Ojalá salgan de la cantera, pero, de no ser así, habrá que dar oportunidad a quienes, por su calidad, vienen pidiendo pista.
Aunque parezca una petición lejana, los dirigentes del Pasto tienen el deber de enmendar errores y pensar con una visión amplia: apostar por procesos serios, con metas claras, organización y gestión, aspectos que tanto hacen falta. Desde hace años los patrocinadores son los mismos y no se percibe evolución en el equipo.
Es lamentable la desconexión de la institución con la hinchada y la prensa. Seguramente incomoda que les reclamen por la mala campaña, pero como se dijo al inicio de esta nota: “no se puede tapar el sol con un dedo”. Las protestas seguirán hasta que Deportivo Pasto vuelva a ser protagonista en el fútbol profesional colombiano y el estadio Libertad recupere, como antaño, la condición de verdadero fortín.
El balón está ahora en el campo de los directivos. El 2026 está a la vuelta de la esquina y se necesitan cambios estructurales urgentes, además de sentido de pertenencia por un equipo que tantas alegrías le dio a la gente del sur. No más improvisaciones ni promesas vacías: ya fue suficiente con ser coleros este año. Pasto merece mejor suerte.
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