“Bienvenidos a mi parcela, aquí está la vida misma”.
Doña Rita representará a Colombia en la Exposición Universal de Osaka 2025, llevando consigo no solo el sabor de la tierra nariñense, sino también la voz de quienes han hecho de la paz y la naturaleza un camino posible.
“Significa tener las cuatro soberanías: la de los animales, la de los humanos, la del suelo y la espiritual. Es donde uno encuentra la vida misma y aprende a enamorarse de la naturaleza”, afirma mientras recorre su parcela, convertida en refugio de biodiversidad, salud y esperanza.
Desplazada por la violencia, encontró en la agroecología y en la metodología “Campesino a Campesino” del SENA un camino para sanar la tierra, cuidar el suelo y transmitir la sabiduría ancestral que corre por las venas de las comunidades rurales.
“La metodología es, ante todo, reconocer el valor del conocimiento que ya existe en nuestras comunidades. No es algo nuevo ni inventado, es la herencia de nuestros antepasados, un saber que ha resistido el tiempo y que hoy se recupera gracias a la agroecología”, sostiene Rita, con el ímpetu de quien comprende que guarda en sus manos la riqueza de la memoria.
Durante 18 años, junto a lugareños y aliados como el SENA, la protagonista de esta historia transformó un terreno erosionado en un laboratorio vivo de resiliencia. Hoy allí brotan más de 200 especies entre hortalizas, plantas medicinales, frutales y cultivos nativos, que no solo alimentan cuerpos, sino también corazones.
Luis Hermes Rodríguez Riascos, participante de la iniciativa, recuerda que cada siembra es también un acto de reconciliación y sostiene: “El amor es reunir a un grupo de personas y brindarles cariño y enseñanza, porque creemos que eso es lo más valioso. Nosotros somos fundamentales en el camino hacia la paz”. Destacó, además, que la misma madre naturaleza enseña a reconciliarse y a ser resilientes.
El SENA acompaña y visibiliza estas acciones que muestran cómo el conocimiento rural, cuando se comparte y se valora, puede convertirse en un símbolo de esperanza para el mundo. En Osaka, entre luces y vitrinas globales, habrá un rincón que huele a tierra húmeda, sabe a cebolla recién cosechada y suena a murmullo de río nariñense. Será el rincón de Rita: el mejor espacio de Colombia.
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