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Por: Andrés Coral Jácome – Redacción Digital Ecos de Pasto
Desde la sección de salud psicológica que se emite todos los miércoles a las 9:00 a.m., en Micrófono al Aire, que dirige el periodista Eduardo Vicente Benavides, por emisora Ecos de Pasto, con la participación de Cristina Yacelga Chamorro, Psicóloga Clínica Coach Parental, les compartimos una interesante reflexión en torno a la vida familiar.
El tema: “Tus heridas no sanadas impactan en la educación de tus hijos”, muchas madres educan a sus hijos de lo que se vive, desde el dolor, desde las heridas de la infancia, a veces, se ignora estas experiencias negativas de la edad temprana y sin darse cuenta las mismas influyen en la crianza de los pequeños.
Por ejemplo, una madre que fue muy castigada en su infancia podría convertirse, ya de adulta, en una persona extremadamente controladora con su hijo(a). Del mismo modo, una persona que se sintió descuidada en su niñez podría volverse demasiado sobreprotectora. La crianza no comienza en el niño, sino en la propia historia familiar de los padres.
Cuando una madre dice: “Ay, es que mi hijo(a) me sobrepasa, no sé qué hacer, es muy inquieto(a), me incomoda, en realidad está expresando la frustración que le genera sus propias heridas del pasado. El niño o niña, sin saberlo, se convierte en un espejo que le muestra lo que se necesita sanar.
El comportamiento del hijo(a) puede ser un recordatorio de una profunda dolencia vivida. De hecho, cuando se le grita, a veces no es su voz, sino ese sufrimiento de la infancia que está resonando. Una falta no sanada se manifiesta de forma inconsciente en los gestos, en palabras y en actitudes. Esto puede verse reflejado en ansiedad, miedo profundo o culpa excesiva que siente a diario.
Por eso, el primer paso es identificar sus heridas. Estos se clasifican en varios tipos, como el abandono, el rechazo o la humillación, y suelen estar grabados en el subconsciente, por lo que no siempre somos conscientes de ellas. Es común que no recuerde los momentos más duros o traumáticos de su adolescencia. Esto sucede porque el cerebro, como mecanismo de defensa, se protege de esos recuerdos dolorosos para que no tenga que revivirlos.
Es crucial que la persona afectada inicie un proceso de sanación interior y examine sus propias frustraciones, sin juzgar a quienes la criaron, sino asumiendo la responsabilidad de su propio bienestar. Al hacer este trabajo, pueden evitar que sus hijos hereden esas mismas heridas que, a menudo, se transmiten de generación en generación. Recuerde que hay aflicciones que no sangran, sino que duelen en el alma. Puede que sus padres o quienes le criaron las hayan generado inconscientemente, porque ellos también fueron víctimas y las arrastraron desde temprana edad, y al no poder sanarlas, las repitieron contigo.
Para que este dolor cicatrice se debe tomar una decisión que requiere coraje y valentía, ya que implica reconectarse con el pasado que provocaron esas lágrimas. Es un acto de amor, pues brinda a los hijos la posibilidad de crecer felices y con una salud emocional sólida. La invitación es a abrazar la propia historia y evitar que más adelante siga cargando con una tristeza que no le corresponde.
Cuando los dolores emocionales como el abandono o el rechazo se abordan mediante un proceso terapéutico, se descubre que su curación no es sencilla. Es similar a una herida física: cuando una lesión sangra y se cura, el proceso es doloroso. Sin embargo, con el tiempo solo queda una cicatriz que ya no duele al tocarla.
La señal de que un sufrimiento aún no ha sanado es que se continúa llorando por el mismo motivo una y otra vez.
Las carencias emocionales que se arraigan en el alma desde la infancia, si no son tratadas, pueden generar complicaciones en las relaciones con los hijos, con la pareja o en otros entornos. Llorar ese sufrimiento es un paso necesario para evitar que los descendientes lo hagan en el futuro. Es crucial convertir esas experiencias en una fuente de aprendizaje y recordarles que con la ayuda de sus padres deben trabajar en sí mismos.
Es fundamental tomar la decisión de buscar cuidar la propia salud mental y la de los seres queridos. Esto evitará el caos, impedirá que la familia se vuelva disfuncional y protegerá a los niños de crecer en un ambiente perjudicial que traerá consecuencias negativas en la adolescencia y adultez.
Esperamos que esta reflexión les sirva de ayuda y puedan aplicarla en su vida. Si este artículo les gustó, los invitamos a dejar un comentario. Sus opiniones y experiencias son valiosas para construir una comunidad más consciente y tolerante.
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