Conectividad en Nariño: ¿Un paso más hacia el progreso o puro bombo político?

Por: Juliana Vanessa Burbano A.

El pasado 1 de agosto, Pasto fue escenario de un gran montaje nacional: el MinTIC convocó a la “celebración del talento TECH en Nariño”. Al frente estuvo el ministro Julián Ruperto Molina Gómez, posesionado el 1 de marzo de 2025, quien presumió cifras alentadoras: 400 jóvenes certificados en inteligencia artificial, ciberseguridad y programación —el 42 % fueron mujeres que, como destacó el Ministerio, “cierran brechas y abren camino en tecnología”—; y el salto de 80 a 1.160 escuelas rurales conectadas desde el inicio de este gobierno. Además, anunció que en julio de 2025 el 50 % de los planteles ya contaban con Internet y que el 100 % estaría en línea al cierre del periodo en 2026.

Sin duda, la inclusión digital es un avance necesario… pero el acceso no es la única clave.

En la misma tarima —donde el show debe continuar— se anunció la entrega de 2.454 computadores a 26 instituciones; sin embargo, este día, solo 200 equipos cambiaron de manos, en un acto valorizado en cerca de 400 millones de pesos. Un gesto generoso… para la foto. El unísono “¡Gracias, MinTIC!” de estudiantes y rectores, en lugar de un reconocimiento espontáneo, pareció una consigna obligada, más propia de un circo político que de un verdadero diálogo con las comunidades.

El inefable discurso oficial, cargado de comparaciones grandilocuentes —“como el carro reemplazó al caballo”— eludió cualquier detalle sobre las estrategias concretas para aprovechar esa “era digital” con calidad y pertinencia regional. Cuando un colega preguntó por la ruta para conectar la costa Pacífica y la cordillera, la respuesta fue un simple compendio de porcentajes (“del 3 % al 50 %”) y un llamado al Congreso para aprobar más recursos. Nada se dijo sobre planes de acompañamiento pedagógico, formación docente o modelos de sostenibilidad comunitaria.

Se vendieron “computadores de última tecnología”, pero las especificaciones técnicas revelan máquinas de gama media, aptas para ofimática y navegación básica, pero insuficientes para proyectos de robótica o inteligencia artificial que realmente transformarían la educación rural.

Peor aún, en medio de la emoción por esos “logros”, nadie abordó los problemas previos a la conectividad: caminos intransitables, falta de transporte escolar, ausencia de agua potable y condiciones de vivienda que limitan el estudio en casa. Dotar de un portátil a un estudiante sin un aula eléctrica estable o un espacio digno de trabajo equivale a entregar un libro durante un aguacero sin un techo que lo proteja.

El programa Comunidades de Conectividad, presentado en teoría como un empoderamiento cooperativo de las juntas comunales, adolece de claridad en la práctica: no se explicó cómo se sostendrán esas redes sin apoyo técnico y financiero continuo, ni qué protocolos existen para el mantenimiento y la reposición de repuestos, aspectos relevantes en un entorno de lluvias intensas o fuerte exposición solar.

Por si fuera poco, los emblemáticos Centros Potencia de Pasto y Tumaco siguen “en estudios previos” y sin cronograma de ejecución, a pesar de que la entrega estaba anunciada para estos días. Las excusas —“falta presupuesto”, “aún no aprueba el Congreso”— dejan a miles de estudiantes y docentes con una esperanza vacía de modernidad digital, sin un horizonte real de cumplimiento.

Tampoco existe un sistema de monitoreo público de resultados. Ni durante la función ni en la rueda de prensa se explicó cómo medirán el impacto en el rendimiento académico, la retención escolar o las oportunidades laborales. Sin esos indicadores, el discurso de “mejorar las calificaciones del ICFES” se queda en un simple eslogan.

Cuando las cámaras se apaguen y los discursos se desvanezcan, Nariño necesitará más que cifras y titulares. Requerimos un plan integral que combine infraestructura vial y eléctrica, formación continua para docentes, sostenibilidad económica de las redes locales y mecanismos transparentes de seguimiento y retroalimentación comunitaria. Solo así dejaremos de aplaudir un espectáculo para empezar a celebrar resultados concretos y duraderos de verdadera transformación social.

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