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La revolución se inició en Francia, hace 400 años. Sus inspiradores fueron un sacerdote, antiguo pastor de ovejas, llamado Vicente de Paúl y una viuda, de raíces nobiliarias, Luisa de Marillac.

“No podemos asegurar mejor nuestra felicidad que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres”.  Este lema los llevó a romper los estrechos moldes en que se había encerrado la vida consagrada femenina y abrir caminos increíbles de libertad a las mujeres que se sentían llamadas al servicio de Dios en el mundo de los pobres.

Para la mujer deseosa de consagrarse a Dios, la Iglesia ofrecía a principios del siglo XVII una sola forma institucional: el convento o monasterio en el que las religiosas se dedicaban al servicio de Dios en una vida de oración, estudio y trabajo.  Una rígida clausura las defendía del mundo: no se permitía la entrada de gentes extrañas, mucho menos hombres; ni las monjas podían salir de las cuatro paredes del monasterio.

Luisa y Vicente soñaban con algo distinto: una falange de mujeres valientes, consagradas a Dios y metidas en el mundo hasta el fondo, sin miedo, en contacto con todas sus miserias físicas y su podredumbre moral.

De ahí nacieron las Vicentinas o Hijas de la Caridad.  A las arriesgadas que formaron esa primera comunidad, Vicente de Paúl les decía: “A quienes pregunten si son religiosas díganles que no, por la gracia de Dios; y esto no porque ustedes no estimen a las religiosas sino porque si fueran religiosas tendrían que encerrarse y decir adiós a los pobres”. Y añadía: “Por monasterio ustedes tendrán las casas de los enfermos, por clausura las calles de la ciudad donde los pobres, por rejas el temor de Dios y por velo protector la santa modestia”.

Con estas consignas las Hijas de la Caridad, precedidas por su fundadora, se lanzaron a aliviar las miserias de la sociedad francesa destrozada por 70 años de guerras religiosas.

Se lanzaron a aliviar a los enfermos en los hospitales y fuera de ellos, a los ancianos abandonados, a los ladrones y criminales encerrados en las prisiones de París, a humanizar la vida de los mendigos que pululaban en las ciudades y pueblos, a evangelizar a los campesinos.

Inventaron novedosos programas de equipos de madres sustitutas que a sus pechos criaran a los niños expósitos y a los miles que habían dejado huérfanos las guerras. “A esa pobres creaturas –contaba Vicente de Paúl- se los vendía por ocho monedas a los mendigos, que les rompían los brazos y piernas para mover a la gente a compasión y así les dieran limosnas. Los dejaban morir de hambre”.

La nueva forma de vida consagrada activa de las Vicentinas, sin la protección de los muros y rejas del monasterio,  constituyó una verdadera revolución en la Iglesia del siglo XVII.      Vicente y Luisa roturaron el camino para abrir paso al nacimiento del inmenso número y variedad de institutos religiosos femeninos de vida activa que enriquecen hoy a la Iglesia y al mundo.

Las Vicentinas pasan de 25.000 en todo el mundo - la comunidad religiosa más numerosa de la Iglesia Católica.  Están presentes en Pasto desde 1887,  llamadas por el obispo jesuita Ignacio León Velasco.  Realizan hoy su extraordinaria labor apostólica en multitud de obras sociales, desde la Casa de la Divina Providencia y el Hospital San Pedro.

                                  Gustavo Jiménez Cadena, S.J.            Pasto, octubre 4 de 2017

 

Por: Erasmo Escobar Santander.

 

Los caminos del Señor, son diversos y maravillosos su llamado no consiste en aplicar una fórmula matemática, exacta, invariable, por el contrario, es una experiencia personal, una historia única que se va escribiendo día a día y en la que hay altos y bajos como en una montaña rusa; para llegar a la santidad no necesariamente se debe haber nacido siendo santo. Quizá la única persona que fue concebida sin mancha fue la Virgen María.

 

 

El resto de mortales, debemos procurar seguir a Cristo, desde nuestro quehacer diario, desde nuestro trabajo y experiencias de vida; pues todos hemos venido al mundo con la misión de servir y, aunque la tarea no es fácil tenemos varios hombres y mujeres que han sido héroes de nuestra Iglesia, y que nos sirven de ejemplo para seguir los pasos del Nazareno, ellos son los santos, personas comunes y corrientes, con virtudes y defectos, con pecados y con cosas buenas, pero que dijeron sí al llamado, aún con las dificultades propias del ser humano, que por gracia de Dios, se convirtieron con el tiempo en seres extraordinarios.

 

 

Con su ejemplo han evangelizado, han llevado esperanza y comunión a miles de creyentes en los rincones más apartados del mundo, y aunque muchos de ellos partieron a la eternidad hace siglos, su legado permanece intacto en nuestros días. Hoy el santoral católico celebra la vida y obra de San Francisco de Asís, uno de los santos más admirados y queridos por todos los cristianos, católicos y no católicos, coinciden en que el fundador de la Orden Franciscana, es un verdadero hombre de Dios.

 

 

Francisco, nació en la población de Asís, en el año 1182, en un hogar donde contó con ciertas comodidades, pues su padre era un reconocido comerciante de manera que no le faltó el dinero, en su juventud era amigo de la fiesta, músico y poeta, con frecuencia se divertía entre amigos y no fue tan aplicado para el estudio o para colaborar con los negocios de su padre.

 

 

En tiempos de conflicto entre las ciudades de Perugia y Asís, con tan solo 20 años intentó ser soldado, incluso comprando una gran armadura y un hermoso caballo, que tiempo después regalaría a otro guerrero que por su pobreza no podía adquirir arma alguna, fue hecho prisionero y estuvo encarcelado un año, después de recobrar la libertad, persistió en la idea de incorporarse al ejercito pero cayó enfermo, y en medio de sus quebrantos creyó escuchar una voz que le decía “ Por qué Francisco, dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Señor?”.

 

 

Ese sería el punto de partida para que el santo de Asís, encontrara su vocación de servicio en favor de los pobres, los enfermos y los débiles; se acercaba a los leprosos, como nadie más lo hacía en su época, y venciendo la repugnancia que provocaban sus heridas, les curaba, besaba y animaba, su fervor por los pobres lo llevó a desprenderse de todo, incluso de su vestimenta.

 

 

Con sus propias manos y acudiendo a la caridad de las personas que en ocasiones hasta se burlaban de Él, ayudó en la reconstrucción del templo de San Damián, pero como el dinero no era suficiente, regresó a casa, vendió su caballo, y varias telas del almacén de su padre, para entregarle el dinero al sacerdote de esa pobre parroquia[M1] .

 

 

Esto le costó el disgusto de su progenitor que lo sometió a un juicio, para que le devuelva el valor de la mercancía perdida, el obispo de Asís, fue el juez, quien escuchó los argumentos de Francisco, y después de que este se despojara de sus ropas, únicas pertenencias que le quedaban para devolverle algo a su padre; le pidió a un campesino que le regalara un vestido de tela, algo ordinario, sencillo, que en adelante sería la túnica con la que se le conoció.

 

 

El otrora hombre rico, recorría las calles de la ciudad pidiendo ayudas para reconstruir el templo de San Damián, siendo a veces objeto de burlas y en otras de admiración y respeto. Gracias a los padres benedictinos, Francisco fija su residencia en una pequeña finca llamada “La Porciuncula”, donde inició poco a poco a formar su comunidad, la cual tiene 3 pilares fundamentales: La pobreza, la Evangelización y, la predica del amor y la paz teniendo como eje central a Jesucristo; Francisco, aceptó la misión de recorrer campos y ciudades llevando la buena nueva y trabajando incansablemente por los pobres, su ejemplo de vida, su amor por la naturaleza, y la paz que inspiraba, fascinaron a muchas personas, entre ellos varios jóvenes con los que más adelante y después de superar alguna oposición por parte de algunos cardenales en Roma, obtuvieron el permiso del Papa, para fundar su orden.

 

 

Según algunos relatos se cuenta que el Papa Inocencio III, tuvo una visión en sueños en donde la Iglesia corría el peligro de derrumbarse, pero dos hombres acudían en su ayuda y apoyándola sobre sus hombros evitaron el desplome, uno de ellos era Francisco de Asís, el otro fue Santo Domingo de Guzmán, el primero fundador de los Franciscanos, el segundo de la orden de Predicadores o Dominicos, por tanto el Papa, apoyó la constitución de estas dos comunidades que tanto bien le han hecho a la Iglesia Católica.

 

 

Años después el mismo Francisco de Asís, junto a una joven de su misma ciudad llamada Clara, fundaría la orden de las hermanas Clarisas, que le tuvieron como guía, la pobreza, la oración y la alegría eran ingredientes de esa mágica receta que Francisco, aplicó en su vida acercándose al mundo, como el buen pastor en busca de las ovejas perdidas, la misma tarea que hoy cumple Jorge Bergoglio, el Papa Argentino, que tomó el nombre de Francisco, en honor del santo italiano.

 

 

Su amor por la creación de Dios, lo llevó a llamar a las cosas de la naturaleza de una manera particular, hermano sol, hermana luna, hermano lobo, son algunos ejemplos de ese respeto que profesó siempre. Como misionero fue un gran pedagogo, logró acercamientos con los musulmanes contario al emprendimiento de las cruzadas que buscaban eliminarlos.

 

 

Entre otras cosas fue el creador del pesebre, tradición que hasta nuestros días está presente en cada navidad, Francisco, sufrió un fenómeno que también han tenido otros santos, los estigmas, las mismas llagas de Cristo, en su cuerpo. A los 44 años, un  3 de octubre del año 1226, en medio de sus compañeros y en absoluta pobreza partió a la eternidad, no sin antes recibir con alegría a la que Él llamaba “La hermana muerte”, pues comprendía que la semilla tenía que morir para dar abundante fruto, dos años después sería declarado oficialmente como Santo. Hoy su Orden sigue su apostolado, en todo el mundo siendo como dice su famosa oración que compartimos a continuación, Instrumentos de la Paz del Señor; En Colombia el Varón de Asis, es Santo Patrono de Quibdó  - Chocó y de Puerto Asís, en el Departamento del Putumayo.

 

Oración de San Francisco.

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu paz.

Donde hay odio, que lleve yo el amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la unión.

Donde haya duda, que lleve yo la fe.

Donde haya error, que lleve yo la verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado como consolar;

ser comprendido como comprender;

ser amado como amar.

Porque es:

Dando que se recibe;

Perdonando que se es perdonado;

Muriendo, que se resucita a la

vida eterna.


 [M1]er 

OFERTA DE EMPLEO. CONVOCATORIA.

 

             *Foto página oficial de Facebook – Café Doña Etelvina.

 

Por: Erasmo Escobar Santander.

Después de concursar a nivel nacional y de ser escogido para representar al país en Estados Unidos, Nilson  Luis López Díaz, con la marca de Café Doña Etelvina, producido en la Finca “La Gallinazera”, Vereda el Bado, Municipio de  Buesaco – Nariño, logró el primer puesto en calidad de cafés especiales de Sudamérica y reconocimiento a los tres  máximos cafés excepcionales del mundo, en el concurso organizado por EXTRAORDINARY COFFE COMPETITION; en  Emeryville California.

Esta destacada participación, se logra gracias a un exigente proceso de producción y selección del grano de café, para obtener  un producto de altísima calidad, tipo exportación, el cual ya había sido premiado con la distinción “Taza de la Excelencia 2012”, con una calificación de 90.85 sobre 100.

Precisamente la versión “Taza de la Excelencia 2017”, se realizó durante el pasado mes de septiembre, en Colombia, el Departamento del Tolima fue el organizador de este evento que convoca a los caficultores de todo el país, que presentaron un total de 161 lotes, de los que fueron seleccionados para la fase preliminar 76, correspondientes a 9 Departamentos.

En la siguiente ronda se escogieron 39 lotes, que fueron los que se entregaron a los 23 jurados internacionales, provenientes de 10 países, y quienes dictaminaron  las posiciones de honor, luego de catar y deliberar acerca de las propiedades y atributos del mejor café de Colombia; los resultados fueron los siguientes:

 1. Con 91.28 puntos Rodrigo Arley Díaz del municipio de Buesaco Nariño

2. Con 90.78 Orlando Ospina del municipio de La mesa Cundinamarca

3. Con 90.63 Abdias Laso del municipio de Buesaco Nariño

4. Con 90.25 Ángel López del municipio de Buesaco Nariño

5. Con 90.19 José Antonio Espada del municipio de Buesaco Nariño

6. Con 90.11 Duberney Sifuentes del municipio de Planadas Tolima

7. Con 89.94 Gildardo Cárdenas del municipio de Planadas Tolima

8. Con 89.47 Franco López del municipio de Buesaco Nariño

9. Con 89.36 Lucas Melo del municipio de Buesaco Nariño

10. Con 88.3 Libardo Cabrera del municipio de Buesaco Nariño.

Como se puede apreciar, Buesaco  -Nariño, arrasó a nivel nacional en la premiación general, al llevarse 7 de los 10 galardones en disputa, de esos, 4 lograron premio presidencial que se entrega a quienes tienen calificación superior a 90 puntos sobre 100. Cabe resaltar que solo se entregaron 6 distinciones presidenciales, equiparando el nivel con México, que entregó igual número de reconocimientos.

Así las cosas, y para orgullo de los nariñenses se puede afirmar con toda seguridad que Buesaco, es líder mundial cafetero y que no solamente dinamiza la economía regional, sino también la nacional, pues hará parte de una importante subasta en línea el próximo 7 de noviembre de 2017, con la presencia de compradores de todo el mundo, en un proceso supervisado por Alliance for Coffee Excellence y una firma auditora que garantiza transparencia en el certamen.

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