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Por: Erasmo Escobar Santander.

 

Los caminos del Señor, son diversos y maravillosos su llamado no consiste en aplicar una fórmula matemática, exacta, invariable, por el contrario, es una experiencia personal, una historia única que se va escribiendo día a día y en la que hay altos y bajos como en una montaña rusa; para llegar a la santidad no necesariamente se debe haber nacido siendo santo. Quizá la única persona que fue concebida sin mancha fue la Virgen María.

 

 

El resto de mortales, debemos procurar seguir a Cristo, desde nuestro quehacer diario, desde nuestro trabajo y experiencias de vida; pues todos hemos venido al mundo con la misión de servir y, aunque la tarea no es fácil tenemos varios hombres y mujeres que han sido héroes de nuestra Iglesia, y que nos sirven de ejemplo para seguir los pasos del Nazareno, ellos son los santos, personas comunes y corrientes, con virtudes y defectos, con pecados y con cosas buenas, pero que dijeron sí al llamado, aún con las dificultades propias del ser humano, que por gracia de Dios, se convirtieron con el tiempo en seres extraordinarios.

 

 

Con su ejemplo han evangelizado, han llevado esperanza y comunión a miles de creyentes en los rincones más apartados del mundo, y aunque muchos de ellos partieron a la eternidad hace siglos, su legado permanece intacto en nuestros días. Hoy el santoral católico celebra la vida y obra de San Francisco de Asís, uno de los santos más admirados y queridos por todos los cristianos, católicos y no católicos, coinciden en que el fundador de la Orden Franciscana, es un verdadero hombre de Dios.

 

 

Francisco, nació en la población de Asís, en el año 1182, en un hogar donde contó con ciertas comodidades, pues su padre era un reconocido comerciante de manera que no le faltó el dinero, en su juventud era amigo de la fiesta, músico y poeta, con frecuencia se divertía entre amigos y no fue tan aplicado para el estudio o para colaborar con los negocios de su padre.

 

 

En tiempos de conflicto entre las ciudades de Perugia y Asís, con tan solo 20 años intentó ser soldado, incluso comprando una gran armadura y un hermoso caballo, que tiempo después regalaría a otro guerrero que por su pobreza no podía adquirir arma alguna, fue hecho prisionero y estuvo encarcelado un año, después de recobrar la libertad, persistió en la idea de incorporarse al ejercito pero cayó enfermo, y en medio de sus quebrantos creyó escuchar una voz que le decía “ Por qué Francisco, dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Señor?”.

 

 

Ese sería el punto de partida para que el santo de Asís, encontrara su vocación de servicio en favor de los pobres, los enfermos y los débiles; se acercaba a los leprosos, como nadie más lo hacía en su época, y venciendo la repugnancia que provocaban sus heridas, les curaba, besaba y animaba, su fervor por los pobres lo llevó a desprenderse de todo, incluso de su vestimenta.

 

 

Con sus propias manos y acudiendo a la caridad de las personas que en ocasiones hasta se burlaban de Él, ayudó en la reconstrucción del templo de San Damián, pero como el dinero no era suficiente, regresó a casa, vendió su caballo, y varias telas del almacén de su padre, para entregarle el dinero al sacerdote de esa pobre parroquia[M1] .

 

 

Esto le costó el disgusto de su progenitor que lo sometió a un juicio, para que le devuelva el valor de la mercancía perdida, el obispo de Asís, fue el juez, quien escuchó los argumentos de Francisco, y después de que este se despojara de sus ropas, únicas pertenencias que le quedaban para devolverle algo a su padre; le pidió a un campesino que le regalara un vestido de tela, algo ordinario, sencillo, que en adelante sería la túnica con la que se le conoció.

 

 

El otrora hombre rico, recorría las calles de la ciudad pidiendo ayudas para reconstruir el templo de San Damián, siendo a veces objeto de burlas y en otras de admiración y respeto. Gracias a los padres benedictinos, Francisco fija su residencia en una pequeña finca llamada “La Porciuncula”, donde inició poco a poco a formar su comunidad, la cual tiene 3 pilares fundamentales: La pobreza, la Evangelización y, la predica del amor y la paz teniendo como eje central a Jesucristo; Francisco, aceptó la misión de recorrer campos y ciudades llevando la buena nueva y trabajando incansablemente por los pobres, su ejemplo de vida, su amor por la naturaleza, y la paz que inspiraba, fascinaron a muchas personas, entre ellos varios jóvenes con los que más adelante y después de superar alguna oposición por parte de algunos cardenales en Roma, obtuvieron el permiso del Papa, para fundar su orden.

 

 

Según algunos relatos se cuenta que el Papa Inocencio III, tuvo una visión en sueños en donde la Iglesia corría el peligro de derrumbarse, pero dos hombres acudían en su ayuda y apoyándola sobre sus hombros evitaron el desplome, uno de ellos era Francisco de Asís, el otro fue Santo Domingo de Guzmán, el primero fundador de los Franciscanos, el segundo de la orden de Predicadores o Dominicos, por tanto el Papa, apoyó la constitución de estas dos comunidades que tanto bien le han hecho a la Iglesia Católica.

 

 

Años después el mismo Francisco de Asís, junto a una joven de su misma ciudad llamada Clara, fundaría la orden de las hermanas Clarisas, que le tuvieron como guía, la pobreza, la oración y la alegría eran ingredientes de esa mágica receta que Francisco, aplicó en su vida acercándose al mundo, como el buen pastor en busca de las ovejas perdidas, la misma tarea que hoy cumple Jorge Bergoglio, el Papa Argentino, que tomó el nombre de Francisco, en honor del santo italiano.

 

 

Su amor por la creación de Dios, lo llevó a llamar a las cosas de la naturaleza de una manera particular, hermano sol, hermana luna, hermano lobo, son algunos ejemplos de ese respeto que profesó siempre. Como misionero fue un gran pedagogo, logró acercamientos con los musulmanes contario al emprendimiento de las cruzadas que buscaban eliminarlos.

 

 

Entre otras cosas fue el creador del pesebre, tradición que hasta nuestros días está presente en cada navidad, Francisco, sufrió un fenómeno que también han tenido otros santos, los estigmas, las mismas llagas de Cristo, en su cuerpo. A los 44 años, un  3 de octubre del año 1226, en medio de sus compañeros y en absoluta pobreza partió a la eternidad, no sin antes recibir con alegría a la que Él llamaba “La hermana muerte”, pues comprendía que la semilla tenía que morir para dar abundante fruto, dos años después sería declarado oficialmente como Santo. Hoy su Orden sigue su apostolado, en todo el mundo siendo como dice su famosa oración que compartimos a continuación, Instrumentos de la Paz del Señor; En Colombia el Varón de Asis, es Santo Patrono de Quibdó  - Chocó y de Puerto Asís, en el Departamento del Putumayo.

 

Oración de San Francisco.

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu paz.

Donde hay odio, que lleve yo el amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la unión.

Donde haya duda, que lleve yo la fe.

Donde haya error, que lleve yo la verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado como consolar;

ser comprendido como comprender;

ser amado como amar.

Porque es:

Dando que se recibe;

Perdonando que se es perdonado;

Muriendo, que se resucita a la

vida eterna.


 [M1]er 

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