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                                CAMPAÑAS SIN MIEDOS NI MENTIRAS

 

 

Empiezo por afirmar que en Colombia existen numerosos políticos honrados, incapaces de robarse un alfiler del erario público, incapaces de decir una sola mentira para ganarse un voto... ¡Ojalá esos políticos integérrimos se hicieran ver más del público, a fin de votar por ellos!

 

 

 Lastimosamente en la canasta también hay frutas podridas. Tal como van las cosas, para el año 2018 preveo personalmente algunas campañas electorales montadas sobre la mentira y la explotación de un sentimiento que rinde en las urnas: ¡el miedo! No un miedo basado en hechos, sino un espantajo inventado; pero tan bien inventado que es capaz de persuadir.

 

 

Así han triunfado algunas de las campañas mundiales más exitosas de los últimos tiempos. El prestigioso analista social, Javier Darío Restrepo, en un artículo en que alerta sobre los peligros de la manipulación de la verdad, concluye: “Las campañas para el Brexit, para la elección de Trump y para el plebiscito colombiano del 2 de octubre pasado, tuvieron como elemento común el uso de la mentira que, primero, debía condicionar emocionalmente a los votantes, y luego, llevarlos a votar en estado emocional”.

 

 

La experiencia nos ha demostrado que a la mayoría de los grupos políticos poco interesa la verdad; lo que interesa son los votos.  ¡Un fin que justifica todos los medios!  Una táctica que ha  producido éxitos, tan rotundos como inesperados, en Inglaterra, en Estados Unidos y en Colombia, ¿por qué no volverla a ensayar una vez más en las campañas del 2018?

 

 

La propaganda nazi popularizó la táctica de que “la mentira mil veces repetida se convierte en verdad”. Tal vez ya no sigan esgrimiendo, como antes, las tonterías de que el proceso de paz nos lleva a entregar el país al castrochavismo, o de que un jefe exguerrillero podría ser el próximo presidente de Colombia, o de que con las FARC se pactó acabar con la familia cristiana.  Aunque no faltarán quienes nos crean tan tontos como para seguir difundiendo  la  desinformación que engañó a tantos en el plebiscito, incluyendo a no pocos sacerdotes católicos.

 

 

La tradición caudillista sigue vigente en Colombia.  En política son demasiados lo que renuncian a pensar por sí mismos.  Les resulta más cómodo  pensar por la cabeza de sus jefes: “Si mi jefe lo dijo, así será”,  “Si el jefe señaló a este fulano como candidato, es porque ese es el mejor entre los mejores”.  Se vota, no con la inteligencia propia, sino con el sentimiento, arteramente manipulado por otros.  ¡Bendita democracia!

 

 

Ingenuamente hemos creído que las redes son el auténtico campo de la democracia, en el que libremente exponemos, sin censuras ni barreras, nuestras opiniones.  Ahora descubrimos que no hay tal, que allí también podemos ser manipulados en gran escala.  Anda el rumor de que el gobierno de Rusia está interviniendo en nuestras elecciones a través de las redes (!).

 

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Alerta contra las mentiras, llámense éstas desinformación o posverdades. Alerta contra los miedos inventados.  Alerta contra el caudillismo despersonalizante.  Alerta con las redes, pues ellas ofrecen un campo propicio para la manipulación.  

                  

                                        Gustavo Jiménez Cadena, S.J.          Pasto, febrero 7 de 2018

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